viernes, 3 de septiembre de 2010

Cádiz; ciudad culta y cosmopolita

Cádiz durante el sigloXVIII conoció tanto su mayor fama como su mayor prosperidad, siendo sus famas de ciudad culta y cosmopolita.


En este siglo XVIII el mundo europeo avanzó socialmente y de modo espectacular gracias a la Ilustración y por tanto serviría de telón de fondo para destacar sobre el análisis que presentará la ciudad y de su cultura, movilizada por la Enseñanza humana que los gaditanos reciben de la convivencia cosmopolita de comerciantes y patricios extranjeros y por la Enseñanza magistral que se imparte en las Escuelas y academias de más alto nivel científico.


La Ilustración es en síntesis, un movimiento cultural europeo, renovador y progresivo, tanto en política como en todos los órdenes de la vida social.


España le temió y se opuso en general al mismo, mientras que Cádiz por su talante liberal lo vio con simpatía y supo captar sobre todo cuanto tenía de progreso, sin menoscabo de los valores cívicos espirituales y tradicionales.


Socialmente también la Ilustración fue la expresión cultura de la burguesía en ascenso, opuesta al absolutismo político y a los privilegios de la nobleza.


Fue un factor favorecedor del cambio de mentalidad europea. Pasando a la realidad estructural de España, su sociedad estaba orientada o tenía su principal objetivo en la defensa de la Religión y de un tipo de instituciones políticas acordes con la espiritualidad tradicional católica y en consecuencia trató de oponer una barrera a la difusión del enciclopedismo y lamentablemente a sus reformas científicas.


Hubo, políticos destacados que si quisieron seguir aunque moderadamente las técnicas de estudios y progresos industriales, a esto se sumaron otros con carácter más radical.


A pesar de ellos, la mayoría de los españoles, gaditanos excluidos, gustaban seguir aquellas máximas de séneca que dicen “desear saber más de lo necesario es una especie de intemperancia y que fue también de San Pablo que las expresaba diciendo: “No queráis saber de la ciencia profana más de lo que importa saber y sabed con sobriedad.

Cádiz diciochesco, famoso por luminosidad y blancura, ciudad cosmopolita y de lo más dispare negocios e insólito espacio vital de gente activa, cordial y alegre.


Cuando llegaron a sus puertos el Barón de Bourgoing o Juan Francisco Peyrón en 1777 o José Towsend en 1786, leemos en sus escritos, hallan una ciudad limpia, ordenada, con, bellos edificios de extraordinaria blancura, con calles enlosadas por las que se puede pasea5r y con teatros para divertirse con bailes y cante de fandangos o con buen ópera.


Hablan del tráfico de su puerto en el que Towsend cuenta hasta mil barcos en su bahía o del magnífico Hospital de la Misericordia o de las fiestas de toros que gente de todas las naciones jalean con entusiasmo.


Son escritores viajeros que cuentan lo que ven, pero sin profundizar el porque de esta cívica y ejemplar convivencia, ni el porque gentes de todas las naciones trabajan y se divierten al unísono sin apenas distinguirse exteriormente ni siquiera por sus lenguas o costumbres de origen.


Aquí si se sabe el porqué, y lo sabremos mejor al conocer la Enseñanza humana y magistral que recibían los gaditanos, preocupados por estar al día en los avances culturales tanto como en el saber comercial que requería Europa y América.


La Condesa de Pardo Bazán (novelista, periodista, ensayista y crítica española introductora del naturalismo en España), del decía que para España “del mismo modo que la iglesia manda confesarse una vez al año, la cultura debe mandar a todo español a salir fuera de la Patria también una vez al año o antes si advierte en si síntomas de estancamiento y regresión”.


Los gaditanos no tenían necesidad de seguir ese precepto social o cultural de la Condesa, porque cada día al salir de sus casas ya respiraban los beneficios aires de la convivencia internacional y muchísimos sin salir de sus casas, porque en Cádiz los extranjeros no Vivian en barrios apartados sino dentro de las mismas casas, se confirma la lectura de los Centro de la población que afortunadamente se conservan íntegros.


La enseñanza humana recibida por los gaditanos no sólo era un beneficio de su convivencia con los extranjeros nacionalizados sino sobre todo y esto es motivo de orgullo, de la permanencia de españoles de otras regiones principalmente de vascos y navarros, que amaron a Cádiz de tal modo, que le legaron iglesia, hospitales y la riqueza de su espíritu comercial y emprendedor, en sus relaciones con las Indias.


Fue un buen motivo de estudio, esta enseñanza humana por parte de todos, con amor de investigador o con pasión de sociólogos, porque constituye un timbre de honor de este Cádiz del siglo XVIII, inédito casi en los manuales de historia.


Si alguien piensa que así y todo era conveniente y necesario para ser “Ilustrado” salir al extranjero, les dirían lo que el escritor francés Saray consiguió en “Le parfait negotiant”: “Es lástima que los comerciantes franceses manden a sus hijos a Cádiz para formarlos y luego no quieren regresar a la Patria, al país de origen”.


Entra en esta enseñanza magistral o comienza la misma, por la enseñanza de las primeras letras que en Cádiz, firma, elegantemente se llama de “primera educación”. En nuestra ciudad se contaban unas diez escuelas gratuitas, atendidas por un número casi doble de maestros.


El sistema de enseñanza era el tradicional de principios de siglo, pero en el transcurso del mismo, se introdujeron avances pedagógicos entre ellos el Pestalozzi (“Johann Heinrich Pestalozzi”, fue un pedagogo Suizo, uno de los primeros pensadores que podemos denominar como pedagogo en el sentido moderno del termino, pues ya había pedagogos desde la época de los griegos. Reformador de la pedagogía tradicional, dirigió su labor hacia la educación popular). Y curiosamente para atender a los gastos de implantación del método Pestalozzi, se estableció un arbitrio de seis maravedises (Moneda española, efectiva o imaginaria, de diferentes valores y calificativos, desde siglos XIII), de recargos en las entradas del Teatro Cómico.


Respecto de la enseñanza de idiomas, que críticos estiman insuficientes en la España de esta época, en Cádiz había cuatro escuela, regidas por los Sres. Juan Campell, Antonio Marshall, Dionisio O´Drescal y Francisco José Rico.


La enseñanza Media se impartía en el Colegio de los Jesuitas y en los llamados de Humanidades, donde se estudiaba Filosofía, Latín, Francés, Inglés, Dibujos, Matemáticas, Geografía, Historia, Música, Gramática, Caligrafía, algunos hasta bailes y desde luego, Doctrina, Urbanidad y Política.


También existía una Academia gratuita de Bellas Artes, Escultura y Arquitectura y una Academia asimismo gratuita de Matemáticas y comercio en las casa Consulares a expensas del Tribunal de Comercio.


La Enseñanza Superior se desarrollaba principalmente en el Real Colegio de Cirugía y en la Academia de Guardiamarinas.


Es este siglo en España, “hay diecisiete Escuela de Medicina, pero malas. Ninguna tiene gabinete de Anatomía, ni cursos de Partos, Cirugía operatoria, de Química e Historia Natural Laboratorio, ni jardines para demostración botánicas ni instrumental apropiado.

Justamente Cádiz es el reverso de esta medalla.

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